Me bastó con ver un par de fotos de la boda de Karin para saber que detrás había una historia especial y una boda llena de encanto. Para que disfrutéis de las fotos y entendáis mejor su historia, os dejo directamente sus palabras…os va a enamorar! 😉

“Iñaki y yo nos casamos al año y medio de conocernos. Los dos teníamos clarísimo que no nos queríamos casar en el típico sitio de boda. Por nuestro carácter y en general por nuestra manera de ser queríamos celebrar ese día en un sitio al aire libre y en un lugar especial.

Mi padre es de Oviedo y veraneamos en Salinas, un pueblo en la costa asturiana, desde que tenemos uso de razón. Además, Iñaki también tiene familia en Gijón, así que a él también le tiraba algo especial. Descartamos por ello muy rápido Madrid para poner el punto de mira en Asturias patria querida.

Fuimos a ver un par de palacios y casonas típicas de bodas, pero a pesar de lo espectacular que eran, seguíamos sin ver nuestra boda. Casarse en Asturias sólo tenía sentido si era en Salinas ya que sentimentalmente era lo más especial. Yo no paraba de pensar en la ilusión que me hacía casarme en nuestro pueblín, al aire libre, con nuestra familia y amigos y con mis luces de verbena (siempre fue mi ilusión tener esas luces el día de mi boda).

Mi familia y yo pasamos fin de año en Salinas, y fue un par de días antes de dejar atrás el 2010 cuando mi padre me dijo: “Karin, tengo el sitio de la boda”. ¡¡No me lo podía creer!! Aunque no entendía exactamente dónde era ese sitio que tanto le ilusionaba… Así que salimos de casa y a doscientos metros mi padre se paró ante un pinar que lleva toda la vida en Salinas. “Aquí”. Casi muero del shock. “¿Aquí?”.

Y ahí fue. En un pinar en mitad del pueblo con un par de casitas abandonadas en mitad de la finca. Había que tener muuucha imaginación, pero para eso teníamos a mi padre que es capaz de transformar un pinar abandonado en un sitio maravilloso.

Y empezamos todos a trabajar. No dudamos en contactar con El Invernadero, en Oviedo, para que se hiciera cargo de la decoración y con toda la ilusión del mundo ideamos una boda de lo más campestre. Mesas por el pinar, una gran carpa para la cena y otra carpa transparente para el baile con mis ansiadas luces de verbena. Y nuestras familias dieron lo mejor de sí y de su imaginación para hacer de aquel pinar un lugar mágico y maravilloso.

Y llegó el día. Nervios, emoción, lloreras,  peinados, vestidos, maquillaje, frases y consejos tranquilizadores de mi madre…tilas y risas! Sólo faltaban las flores que me pondría Roberto Siguero, el maquillador de Lancome y gran amigo de la familia, en el pelo y estaba lista para casarme.

Mi vestido, el de mi madre y el de mis hermanas son de Carmen Halffter, la mejor diseñadora que pude elegir. Desde el principio supo captar mi idea y disfrutó cada momento con nosotras. Yo quería ir cómoda, nada apretada y con un aire romántico y campestre. Y así fue. En la última prueba me di cuenta que vestía justo lo que siempre tuve en mente. La parte de arriba era una gasa semitransparente, la falda era un tejido plisado súper especial y a la cintura llevaba un cinturón trenzado que hicimos con las mismas telas del vestido pero algunas de ellas teñidas para darle color al cinturón. En el hombro izquierdo también llevaba una minitrenza que empezaba en la espalda y caía por el hombro.

Mi padre, que disfruta mucho con estas cosas, fue nuestro consejero personal en todas y cada una de las pruebas. ¡¡Fueron momentos inolvidables, muy familiares, emocionantes y sobre todo, divertidos!! Y tanto mi madre como mis hermanas iban espectaculares, más guapas no podían estar.

Nos casamos en la Iglesia de Salinas, que está a unos 20 metros de mi casa. Por supuesto fui andando porque subirme en un coche no entraba en mis planes.

Me hice los zapatos a medida en una zapatería que está en el barrio de Prosperidad que se llama Miss. Mi hermana Paula me ayudó a elegir la horma y los forramos con ante y parte de la tela de mi vestido.

Mi suegra iba de Felipe Varela con un vestido rojo que era espectacular. La primera vez que lo vi supe que iba a estar deslumbrante, y así fue. Aunque he de decir que el más guapo era el novio, ¡¡estaba para morirse!!

Recuerdo el momento en el que puse el pie en la Iglesia como el más emocionante, se me saltaban las lágrimas cada vez que me acercaba más y más al altar.

Como Iñaki tampoco quería ir de la iglesia al pinar en coche y nos apetecía algo más original, hicimos ese trayecto en un paseanovios antiquísimo que nos consiguió mi padre y con el que se paseaba hace muchos años a los novios por el parque del Retiro de Madrid. ¡¡Fue divertidísimo!!

Disfrutamos muchísimo de día de la boda, del lugar, de nuestras familias y amigos, de nuestros padres y hermanos, de nosotros mismos que conseguimos disfrutar de esa noche juntos y por supuesto, disfrutamos muchísimo de nuestras luces de verbena. Teníamos la boda que siempre imaginamos y nos acompañaban las personas que realmente queríamos.

Todo fue como somos nosotros. No hicimos nada que no quisiéramos. Incluso nos saltamos el tradicional Vals para bailar nuestra canción favorita: Candy de Paolo Nutini. Fue, sin duda, el mejor día de mi vida. Un día que estiramos hasta las mil de la mañana y que disfrutamos como nunca.

Cada vez que miro atrás pienso. “Me quiero volver a casar”. Realmente no cambiaría nada de ese 3 de septiembre del 2011. ”

Gracias Karin por compartir con nosotras tus fotos y emociones…seguro que no soy la única a la que has conquistado con tu estilo y tu dulzura. Enhorabuena por una boda tan bonita…y que seáis muy felices!!! 🙂

Fotos: Click 10 y Marta Tena

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