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Invadida por esta nueva moda del DIY y la vuelta a las tradiciones de antes, hoy he encontrado la excusa perfecta para sumar el patchwork a mi lista de “cosas que aprender antes de morir“.

No se si lo conseguiré antes o después de la paella, la lomografía y el forró (no dejéis de ver este vídeo hasta el final para entender por qué los brasileños son una raza superior), pero al menos prometo empezar a buscar el hueco…que no es poco!

El caso es que hasta que no vi esta foto en el reportaje de una preciosa boda americana no se me encendió la lucecita, pues aunque es una pena ver cómo el esfuerzo en las labores manuales no está suficientemente reconocido en nuestro país, no acababa de verle el punto a dedicar miiiiiles de horas a hacer mantas que probablemente nadie más que tú valorara.

Así que como lo mejor de una manta de patchwork es heredarla, me ha parecido una idea GENIAL para regalar a un familiar o amigo por su boda y que pase de generación en generación (y de paso a ver si en eso también “involucionamos” y dejamos atrás las impersonales listas de bodas y cuentas corrientes…)

Y si como regalo me parece la bomba, como decoración para una boda también me encanta.

En Madrid hay varios sitios donde aprender, aunque sólo tengo referencias reales (y buenas) de Black Oveja…así que no hay excusas…te animas??? 😉

PD: A ver lo que me dura la fiebre, pero de momento estoy convencida de cambiar el dinero por regalos personales. He dicho!

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