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La de Bárbara y Alfonso es de esas bodas que, aunque con sólo ver una foto ya se intuye que hay una preciosa historia detrás, permitirme conocer y compartir con vosotras el por qué de cada elección y detalle de ese día es un auténtico lujo. Para que disfrutéis al máximo con el relato, os dejo directamente las palabras de Bárbara, que al compartirlo conmigo se emocionó tanto que contagia su ilusión al leerla.

Alfonso y yo nos casamos en el día más largo del año, en la noche de San Juan, y teníamos claro que queríamos una boda campestre: a los dos nos gusta mucho el campo y pasamos muchos fines de semana en la casa que tienen mis padres en San Rafael, Segovia. Allí he pasado parte de mis veranos desde que nací.

Tras mirar muchos sitios descubrimos la Finca Aldeallana, en Segovia, que encajaba perfectamente con el estilo de boda que queríamos: un sitio en medio del campo, con una casa preciosa que se alquila para el fin de semana completo y con Rocío, su dueña y la promotora de este sitio de ensueño, con la que conectamos inmediatamente ya que compartíamos mismos gustos. No lo dudamos: Aldeallana era nuestro sitio.

En ese entorno idílico, rodeados de campos de trigo y de pequeños pueblos castellanos, dejamos volar nuestra imaginación. Queríamos una boda relajada, donde todo el mundo se sintiese a gusto. Nos venían a la cabeza imágenes de películas italianas y españolas de los años 50, en las que sus protagonistas bailaban en las plazas del pueblo bajo farolillos de verbenas, donde se improvisaban comidas en medio del campo en mesas alargadas y donde todo el mundo se sentía feliz y relajado.

En un entorno como ese, nuestro vestuario también tenía que adecuarse al estilo campestre. Alfonso se “liberó” del chaqué y se vistió de traje. Miguel Crespí diseñó mi vestido. Fue un gran acierto dar con él.

El resultado no podía adaptarse más a mi estilo y a la idea que tenía en la cabeza: logró crear un vestido etéreo con el que, según mi madre, parecía que en cualquier momento me iba a poner a volar. Con un toque naïve y escote en la espalda, el vestido estaba confeccionado con diferentes capas de gasa y la última capa, para darle sensación de volatilidad, con tul de seda.

Los zapatos eran de Resán, estilo años 50, y combinando ante y piel de serpiente. Comodísimos y súper ponibles!

Mi hermana tenía ganas de ir con pantalón, para ir un poco distinta a como suele ir a las bodas. Llevaba pantalón color morado/fuccsia de Colour Nude comprado en Mimoki y cuerpo azul confeccionado en Miguel Crespí. Mi madre estaba elegantísima con un vestido estilo años 40-50 de Elisa Bracci.

Esa misma mañana, antes de arreglarnos, ambas se fueron al campo y cogieron flores con las que elaboraron un ramo precioso con el que entré en la iglesia. Me puse unos pendientes pequeñitos de brillantes, que son los que me pongo siempre. Me peiné con una trenza con dos pequeñas trenzas laterales. El maquillaje fue suave y natural. Todo a cargo de María García, de Christian Dior.

Llevaba el anillo de pedida (el de la flor) que me regaló Alfonso. Cuando me lo dio me lo entregó en una pequeña caja de cerillas. El pequeñito es de mi madre, un anillo con un pequeño zafiro. Muy sencillo y para mi precioso. Me lo prestó para la boda.

La ceremonia fue muy cercana y emotiva…y acabamos bailando a la salida!


El coche era del marido de mi hermana, un apasionado de los coches clásicos. Fue muy divertido porque hasta la finca fuimos descapotados y mi peinado corría serio peligro! 🙂

El atardecer en Aldeallana fue mágico. Espectacular. Con una luz ocre que bañaba los campos de trigo, en el que parte de los invitados estaban siguiendo la semifinal de fútbol en una de las habitaciones de la casa y otros tantos estaban sentados -muchos en el césped- o simplemente de pie contemplando, absortos, el campo y esa luminosidad. 

Alfonso es sevillano, por lo que la mitad de los invitados de la boda tenían que venir desde muy lejos para celebrar con nosotros esa noche. También vinieron muchos amigos nuestros de otros lugares del mundo. De ahí que nuestro propósito principal fuese el mimar mucho a nuestros invitados y lograr que se sintiesen como los auténticos protagonistas de ese día. Por ese motivo, escribimos una tarjeta personalizada para cada uno y las colocamos junto con un CD que grabó Alfonso con las canciones que más nos habían acompañado en nuestra vida juntos (Bon Iver, The Shins, Manel, Wilco, Enrique Morente, Explosion sin the sky…). El resultado fue emocionante: más de un amigo/familiar, en el momento de la cena, soltó alguna que otra lagrimita…

Otro detalle que a la gente le encantó fueron los novios que mi madre hizo a mano con pinzas de la ropa y que regalamos a todos los invitados. Fue mucho trabajo, pero el resultado mereció la pena!

El catering lo sirvió Samantha de España y colocamos las mesas como las habíamos imaginado: alargadas, con manteles blancos y con flores campestres. Cada una tenía el nombre de grupo de música.

Uno de las grandes éxitos de la cena fue el buffet de postres de Samantha, con más de 14 distintos!

El baile lo abrimos con una canción de Xavier Cugat: “In a little spanish town”, un twist que habíamos escuchado juntos muchas veces. Nos habíamos divertido muchísimo preparándolo en clases de baile durante dos meses y el resultado fue genial. El día de la boda todo el mundo estaba muerto de la risa y a la vez impresionado por nuestros brincos y sincronización. La segunda canción la bailé con mi padre y Alfonso con su madre al son de “Papa loves mambo” de Perry Como. Y todo el mundo se arrancó a bailar! Y como nos conocimos hablando de música (de ahí la importancia en toda la boda), Alfonso puso la condición de que “en nuestra boda pinchamos nosotros y nuestros amigos” y así fue! Lo pasamos genial!!”

Contagiada del buen rollo que desprende esta boda y los recuerdos que me ha traído de la mía, me despido a ritmo de twist hasta la próxima…que además hoy celebro el primer aniversario del blog y estoy la mar de contenta!!! 🙂

Gracias a Bárbara por compartir su historia de una forma tan dulce y cercana y a Paco y Manu, de Retrato de un Instante, por conseguir transmitirnos tanto con sus fotos.

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